He dicho bien, cableada, que no cabreada, aunque también. Ni las normas municipales, ni el pastón gastado en arquetas, registros y reurbanización de calles por la Generalitat y el Ayuntamiento, bastan para quitar de nuestro cielo azul la multitud de cables que de un edificio a otro atraviesan calles, plazas o avenidas, sin importar que afeen la arquitectura y la historia de nuestra ciudad. Que poco aprecio parecemos tener por nuestro patrimonio.